Pucllana no fue propiamente una ciudad, fue un centro ceremonial, como tal tenía como objetivo ser la residencia de una elite sacerdotal que poseía tanto el poder político así como el religioso y el económico. A la vez, servía para ejercer desde este sitio el poder hacia la zona del valle que le correspondía. Pucllana posee básicamente dos zonas bien diferenciadas: la Gran Pirámide y sus plazas y una parte baja formada por plazas con banquetas. Cada una de estas dos áreas tenían una funcionalidad distinta: la pirámide está destinada a ser un lugar de culto mientras que la parte baja está relacionada a actividades más cotidianas o relacionadas al trato directo con la población.

La pirámide es un edificio alargado de más de 400 metros de largo por 22 de alto, que cuenta con siete plataformas a la vista en cada una de las cuales se encuentran plazas, recintos, pasadizos, algunos de ellos pintados de color amarillo. En la parte baja encontramos plazas y sistemas de recintos. La parte baja es más reciente que la pirámide y es probable que en el inicio Pucllana fuera sólo un centro religioso y luego se requiriera de anexos para actividades administrativas.

Dada su importancia como centro ceremonial luego que los Lima fueran conquistados por los Wari el sitio se transformó en un cementerio y se mantuvo así hasta el señorío Ishma. Es de los entierros wari que se ha logrado recuperar importantes evidencias textiles únicas en su género en la costa central, asimismo, cerámica, mates y otros objetos presentes en las tumbas nos sirven para conocer acerca de los pobladores que se instalaron en la costa central con la conquista de esta a manos del imperio wari.





La pirámide